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Propuesta pedagógica II: El laberinto

 ¿Qué es un laberinto?: algo que busca confundir, perder al que en él se adentra. Mayoritariamente se lo define como una construcción compleja, un artificio (incluso hasta malicioso). Entendemos, entonces, que este puede ser un espacio peligroso. Sin embargo, el laberinto puede ser asociado no solo a lo espacial sino también a lo temporal.

¿Qué espacios, tiempos o situaciones pueden percibirse como laberintos que nos tienen atrapados?

Jorge Luis Borges:

Dentro de la literatura, este es, precisamente, uno de los grandes temas que apasionaba al escritor argentino Jorge Luis Borges. Pueden, entonces, mencionarse muchos de sus cuentos (“El jardín de los senderos que se bifurcan”, “La muerte y la brújula”, entre otros tantos), pero decidí abordar “Los dos reyes y los dos laberintos”, texto perteneciente al libro El Aleph, el cual en su simpleza y brevedad es una genialidad.

En este cuento, hay dos laberintos igual de peligrosos y opuestos en cuanto a sus características. El más simple es, paradójicamente, el más difícil de sortear.

El argumento trata sobre el Rey de las islas de Babilonia, quien manda a construir un complejo laberinto para demostrar todo su poder. Cuando el Rey de los árabes llega a la corte, lo hace ingresar a la ostentosa construcción para burlarse de él y de su simplicidad. El árabe, después de estar perdido un tiempo, implora socorro divino y halla la puerta. Con un claro resentimiento, el Rey de los árabes buscará devolverle la “gentileza” a su anfitrión dejándolo, más adelante, en otro tipo de laberinto "donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te veden el paso." El desierto en su vacuidad (muchos asocian el desierto al vacío, a lo inhabitado, a lo despoblado, aunque no sea algo cien por ciento correcto) se vuelve el laberinto más terrible, en donde las personas quedan “atrapadas” sin posibilidad de encontrar jamás una salida.

La arena fue más inexpugnable que el bronce. La simplicidad le ha ganado la batalla a la complejidad.

Marco Denevi:

El laberinto de Creta es uno de los más famosos de la antigüedad clásica, construido a pedido del Rey Minos para encerrar a su hijastro monstruoso: el minotauro, quien nació de la unión de su esposa Pasifae y un toro. El héroe Teseo, con ayuda de Ariadna, la hija de Minos, logra matar al ser híbrido y salir vivo del laberinto.

“El laberinto de Creta” es, a su vez, el título de un cuento del escritor argentino Marco Denevi.

En este texto, la casa de la protagonista, Teresilda, es enorme y compleja: con pasillos, sótanos, terrazas y hasta diez patios. El narrador la describe como una suerte de laberinto. Sin embargo, la protagonista, pese a ser una mujer de edad avanzada, se desenvuelve con gran soltura y la mantiene impecable sin mayores problemas. Ella puede ser equiparada al minotauro en el laberinto de Creta: ambos se manejan en sus dominios con conocimiento del terreno en el que se encuentran. "En la vecindad corría el rumor de que Teresilda se había dividido en quince o veinte Teresildas todas iguales, porque costaba creer que una sola abriese tantas puertas y se asomase a tantas ventanas, por no mencionar el hecho increíble de que no tuviera el menor vestigio de fatiga ni alguna sirvienta que la ayudase en los quehaceres."

Cuando, por consejo de sus sobrinos, la anciana se muda a un departamento pequeño, ahí sí se siente atrapada en un laberinto pero, esta vez no cual minotauro, sino cual Teseo, ya que ese no es su territorio: se choca con todo, se siente perdida, encerrada y al borde de ser devorada por un monstruo...

Al final del cuento, el narrador adopta la perspectiva de Teresilda y juzga, como ella, al departamento como un laberinto en el cual la mujer se ha perdido inexorablemente. ¿Qué ha sido de Teresilda?, ¿la mató un Teseo o la devoró un minotauro?...


Mario Levrero:

¿Cuál es una de las mejores maneras de mostrar un laberinto en la Literatura?: en mi opinión, es, no solo mediante un tema, sino también mediante la estructura misma del texto. Sabemos que, en los textos, la forma es tan importante como el contenido.

“La casa de pensión” del escritor uruguayo Mario Levrero es un cuento excelente del libro La máquina de pensar en Gladys.

En este relato, hay un gran paréntesis. Lo escrito en él es más extenso que lo que se halla afuera. Por fuera del paréntesis, el narrador protagonista sólo cuenta que muchas veces al hacer el recorrido desde la puerta de entrada de la pensión hasta su habitación, se ha preguntado si ese edificio enorme habría sido edificado con el fin que cumplía o con algún otro, ya que observa muchas desprolijidades en ciertos sectores y muchos contrastes entre zonas o desproporciones en cuanto a los precios que pagan los pensionistas. Agrega que él, en vez de haber encontrado allí su independencia, se ha enredado en una desagradable maraña, por lo cual deberá irse, ya que no resiste mucho tiempo más en ese sitio.

Esas desprolijidades, contrastes y desproporciones, que menciona el narrador al hablar del edificio, se reflejan también en la estructura caótica del cuento: hay una sola oración ¡sólo una! y en ella está todo junto, amontonado, encimado... Es ella, obviamente, una suerte de laberinto que se presenta como un evidente correlato de la pensión.

La incomodidad que experimenta el narrador pensionista frente al espacio enrarecido e hiperbólico se asemeja a la incomodidad del lector frente a la obra de Levrero que es, en sí misma, bastante laberíntica pero, aun así, aventurarse a su obra no deja de ser una experiencia maravillosa.



Daniela Valenzuela

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